Curiosidades alcazareñas: La cruz del fantasma
La cruz que hay en el callejón que sale de la escuela de idiomas a la iglesia de la Santa Quiteria, en Alcázar de San Juan, tiene una curiosa e intrigante historia.
Era una noche invernal del año 1750. El silencio era completo. El pueblo dormía envuelto en la oscuridad. Al toque de ánimas se cubrían los fuegos, no quedando más luces que las de los faroles que encendían frailes y monjas en sus capillas. Tres hombres al mando del Corregidor, habían sido citados por alguien que desconocían, y se pasaba por su cabeza el rumor de un fantasma que andaba hacía algunas noches por el pueblo que salía por las noches y asustaba a la gente, al cual describían como ser anormal, ajeno a la tierra, su cuerpo iba envuelto en vestiduras blancas, teniendo por cabeza una calavera despidiendo llamas por los ojos.
Los cuatro hombres abandonaron su posición, caminaron hacia abajo, llegando en silencio al final del callejón que da paso a Santa Quiteria. El Corregidor y sus hombres se quedaron junto a Santa Quiteria hasta media noche, hora en que según el rumor pasaba el fantasma junto a la iglesia.
A la hora señalada, sacó el reloj, y saco sus pistolas, entonces divisaron al fantasma. El Corregidor disparó y el supuesto fantasma cayó.
Se acercaron, alumbraron con sus linternas, y lo que entonces se oyó y se vio supera todo lo trágico. El Corregidor abrazaba fuertemente el cuerpo del caído, pronunciando gritos de dolor.
-¡Es mi hijo, el hijo de mi alma!...¡Y he sido yo su matador!
A las voces empezó a aparecer la gente, extendiendo de nuevo rumores
Fueron llevados el hijo muerto y el padre dolorido, y aquella noche nadie en el pueblo pegó los ojos.
Al día siguiente del dramático suceso, se colocó en el muro la cruz que allí perdura, dando frente al callejón. Aquélla se llamó y se llama por los pocos que conocen el sangriento episodio “La Cruz del Fantasma”.
Era una noche invernal del año 1750. El silencio era completo. El pueblo dormía envuelto en la oscuridad. Al toque de ánimas se cubrían los fuegos, no quedando más luces que las de los faroles que encendían frailes y monjas en sus capillas. Tres hombres al mando del Corregidor, habían sido citados por alguien que desconocían, y se pasaba por su cabeza el rumor de un fantasma que andaba hacía algunas noches por el pueblo que salía por las noches y asustaba a la gente, al cual describían como ser anormal, ajeno a la tierra, su cuerpo iba envuelto en vestiduras blancas, teniendo por cabeza una calavera despidiendo llamas por los ojos.
Los cuatro hombres abandonaron su posición, caminaron hacia abajo, llegando en silencio al final del callejón que da paso a Santa Quiteria. El Corregidor y sus hombres se quedaron junto a Santa Quiteria hasta media noche, hora en que según el rumor pasaba el fantasma junto a la iglesia.
A la hora señalada, sacó el reloj, y saco sus pistolas, entonces divisaron al fantasma. El Corregidor disparó y el supuesto fantasma cayó.
Se acercaron, alumbraron con sus linternas, y lo que entonces se oyó y se vio supera todo lo trágico. El Corregidor abrazaba fuertemente el cuerpo del caído, pronunciando gritos de dolor.
-¡Es mi hijo, el hijo de mi alma!...¡Y he sido yo su matador!
A las voces empezó a aparecer la gente, extendiendo de nuevo rumores
Fueron llevados el hijo muerto y el padre dolorido, y aquella noche nadie en el pueblo pegó los ojos.
Al día siguiente del dramático suceso, se colocó en el muro la cruz que allí perdura, dando frente al callejón. Aquélla se llamó y se llama por los pocos que conocen el sangriento episodio “La Cruz del Fantasma”.
1 comentario
Un gran trabajo, A. Marchante -